Bien es sabido que la creciente globalización unida con el desarrollo que están experimentado los mercados, está provocando a escala global la forma y el lugar de hacer negocios. Los focos tradicionales tales como Nueva York o Londres se están desvaneciéndose a favor de otros situados en mercados emergentes como los conocidos BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

El país asiático por excelencia “China”.

Su desarrollo industrial y empresarial es más que acentuado y relevante. Muestra de ello es la evolución de su Producto Interior Bruto (PIB). Si tomamos el periodo de referencia 2.010 – 2.012, este indicador creció alrededor del 41%, en cambio, en PIB Español en esos mismos años tuvo un crecimiento negativo de – 0,5%.

Muchos otros aspectos están en pleno cambio en este mercado, si atendemos a su estructura demográfica, los movimientos poblaciones están pasando de un entorno puramente rural a otros industriales-urbanos, creando con ello, nuevos mercados de productos básicos y de lujo, naciendo una nueva clase rica en la sociedad asiático.

Centrándonos en el ámbito económico y empresarial, un elemento clave para aquellas empresas que deseen entrar en el continente asiático es la “facilidad para hacer negocios” que impone el mercado en cuestión. Para ello, es importante conocer hasta qué punto, la administración central correspondiente da el acceso al crédito o ayudas, concede permisos de apertura y facilita los trámites administrativos y burocráticos. Además, es importante informarse acerca de todos aquellos gravámenes e impuesto que nuestro tipo negocio y forma jurídica de la empresa debería afrontar. Pero no solo estas “barreras de entrada” son las que una empresa debe afrontar, el nivel de corrupción que hace mella en el mercado asiático debe ser considerado como una de las mayores barreras de entrada que se debe tener en cuenta, en este aspecto, la mayoría de los países asiáticos suspenden por la corrupción que poseen, las excepciones a tener en cuenta son Hong Kong, Singapur, Taiwan y Malasia (siendo las dos pimeras las mejores a nivel mundial).

Desde el punto de vista de la inversión, la fiscalidad es un tema que se tiene que abordar con cuidado. Existen varios “impuestos” que se deben tener en cuenta. El primero es el pago de los conocidos impuestos de sociedades, el segundo es el impuesto individual y por último el impuesto sobre rendimientos de capital. La presión fiscal asiática es mucho menor que la presión fiscal occidental, sobre todo en los tramos del IRPF y de los rendimientos de capital (en Hong Kong existe un exención total)

El mercado asiático se concibe como un lugar donde invertir, donde las empresas pueden beneficiarse de múltiples factores, a pesar de que en nuestra mente una de las primeras ventajas que pueden vislumbrarse es la de los bajos costes salariales, hemos podido comprobar cómo este factor no es el único que incide en la competitividad de las empresas, sino que existen otros muchos que pueden ser de mayor importancia, tales como la corrupción del país, la administración pública en cuestión, la complejidad cultural… No debemos ver a Asia como un continente caracterizado por comer arroz, sino como una gran potencia “marquista”, como un gigante que demanda grandes marcas de lujo y que se encuentra presente no solo como fabricante (efecto made in…) sino como inversor por todo el mundo.