El concepto de marketing ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la mano del consumidor. En función de cómo han ido variando los hábitos de consumo, la publicidad se ha tenido que adaptar a las nuevas necesidades e inquietudes del usuario. En un entorno globalizado, en el que el modo de comunicarnos viene marcado por internet y el uso de las redes sociales, la relación del consumidor con las marcas ha cambiado radicalmente.

Hoy en día, los consumidores están expuestos a una media de 3000 impactos publicitarios diarios. Además, los medios digitales les permiten acceder a una amplia gama de productos similares, que pueden comparar en el momento, antes de llevar a cabo el proceso de compra.

La crisis económica ha influido también en los hábitos de consumo, así como en la percepción que tienen los usuarios de las marcas. Ya no se busca solamente un producto de calidad y a un precio competitivo, sino que el consumidor actual necesita identificarse con la marca; necesita sentir que al  comprar ese producto, de alguna manera, esta invirtiendo en una marca que se preocupa por su entorno y que actúa conforme a sus propios ideales.

Es en este contexto en el que toma verdadera relevancia el brand marketing. El branding se puede definir como el proceso de construcción de una marca. Cuando diseñamos un producto o servicio paralelamente tenemos que crear la imagen que queremos que este producto transmita, su nombre, su logo, los colores corporativos, pero también sus valores, es decir, la filosofía en la que se va a sustentar la firma. Si además queremos lanzar esta marca internacionalmente, debemos pensar como adaptar esta estrategia a los diferentes idiomas, culturas y países.

Define el objetivo de tu marca

El primer paso para lograr una estrategia eficaz de branding es definir la misión, visión y valor de la marca. Tenemos que definir muy bien cual es nuestro target y cuales son sus inquietudes, preferencias y necesidades. Una vez definido nuestro público objetivo debemos pensar que puede aportar nuestra marca para mejorar su entorno y destacar este atributo frente al de nuestra competencia.

Crea una identidad propia

Además de la tipografía, el logo, los colores o el nombre que conforman y definen la marca, es importante que esta sea capaz de desarrollar una identidad propia. Debemos mantener un discurso coherente y uniforme a nivel global y local. Por ejemplo, si desde nuestro departamento de responsabilidad social corporativa estamos defendiendo una imagen de respeto y compromiso con el medio ambiente, entonces toda nuestra papelería corporativa y materiales publicitarios deben producirse de manera sostenible. Para ello es necesario forjar alianzas con proveedores de confianza que a su vez compartan los valores de nuestra firma. Un ejemplo podemos encontrarlo en la compañía de impresión online Onlineprinters GmbH, comprometida con la sostenibilidad en todo su proceso de producción.

Crea una experiencia única

El consumidor actual quiere vivir experiencias, quiere tener la posibilidad de contactar con su marca e incluso la capacidad de crear sus propios productos a través de ella. Es importante que generemos un canal de comunicación constante con nuestros clientes, pero también una experiencia de compra única, que les dé la posibilidad de personalidad tanto sus productos como la forma de comprarlos y consumirlos. Esta estrategia se vuelve aún más relevante en el proceso de internacionalización. Debemos hablar el mismo idioma que nuestro cliente local, adaptar nuestra comunicación, imagen y hasta nuestro producto a su cultura y su día a día.

“En un entorno globalizado y altamente competitivo, es imprescindible desarrollar una imagen de marca fuerte que nos diferencie a los ojos del consumidor.”

Para ello no solo es necesario desarrollar una imagen corporativa, sino que cada eslabón de la cadena de valor debe estar regido por unos principios sólidos que serán los que definan nuestra marca.