Puede que todavía queden algunas semanas para el Año Nuevo Chino, pero la realidad es que el 2016 ha comenzado para China tal y como acabó el año 2015: envuelto en una terrible situación económica. Tal es la magnitud del problema, que en su primer día operativo del año los mercados chinos se han visto obligados a cerrar su sesión antes de tiempo tras acumular en el índice CSI 300 pérdidas que alcanzaban el 7%. En otras palabras, la Bolsa china está cayendo en picado, y las autoridades no parecen conseguir encontrar la solución a esta fuga masiva de dinero. Teniendo en cuenta la importancia de esta nación para el comercio exterior, no resulta descabellado afirmar que el estancamiento de la economía en China puede convertirse en un peligro para el comercio internacional.

Y es que, tal y como ha adelantado el HSBC, el yuan (la moneda oficial china) está llamado a representar para el año 2020 cerca del 50% del comercio exterior de China. Por lo tanto, teniendo una moneda a la altura del dólar, del euro o de la libra esterlina, China está en el punto de mira de todos los mercados de comercio internacional. El más mínimo movimiento en el valor del yuan en territorio chino puede desencadenar una ola de cambios en las tasas de las principales monedas de cambio del mundo, afectando seriamente al balance de cuentas de cualquier empresa con proyección internacional en China.

Pero, más allá de los batacazos que la caída de la economía China pueda suponer para los comercios que basan su actividad en la importación desde el país asiático, ¿qué hay de los negocios que centran su comercio internacional en la exportación a China? Los efectos de la debilidad de la economía asiática ya se han comenzado a notar también en este sector, y se han traducido en algo tan evidente como una caída en la demanda de materias primas a los países del resto del globo, especialmente a los de Latinoamérica. Si se frena en seco la actividad industrial, la demanda de materias primas cae en picado.

En cualquier caso, la economía china está todavía lejos de estar abocada al fracaso. La enorme volatilidad de sus mercados en las últimas semanas no se debe ni más ni menos que a la especulación de sus inversores, y a medida que se vaya calmando la situación internacional, es de suponer que irá aumentando progresivamente la confianza de los accionistas. Habrá que esperar a ver si el inminente levantamiento de la prohibición de la venta de paquetes de acciones superiores al 5% ayuda a calmar los mercados, con grandes inversores que mantengan la calma, o si sirve de detonante para terminar de disparar la caída de la Bolsa china.