El e-commerce, o comercio electrónico, ha abierto todo un mundo de posibilidades para los negocios que han visto la oportunidad de expandirse al extranjero sin necesidad de tener un asentamiento físico en el mercado al que se quieren dirigir. En otras palabras, el e-commerce ha permitido que muchas empresas lleven a la realidad su idea de comercio internacional utilizando como único medio la red de redes, Internet. En un mundo tan globalizado como este, ya no solamente se utiliza la red para importar productos o servicios de China (más aún sabiendo la grave incertidumbre que vive la economía asiática), sino que, incluso, las empresas europeas han comenzado a utilizar el e-commerce para distribuir sus productos o servicios a lo largo y ancho de toda Europa, sin limitarse únicamente a su país de origen.

Y más allá de lo que pueda pensar una persona que no esté familiarizada con las nuevas tecnologías, la realidad es que expandir un comercio a nivel internacional a través de Internet requiere una inversión cada vez inferior a medida que pasan los años. Lejos quedaron los tiempos en los que las empresas se veían obligadas a crear desde cero sus páginas web para anunciar sus productos o servicios en el extranjero; ahora, plataformas como Amazon o eBay ponen en bandeja la posibilidad de vender productos en cualquier país extranjero, dejando en manos de estas empresas todo lo relacionado con la venta y la distribución. De lo único de lo que se tiene que preocupar la persona responsable del negocio es de anunciar sus productos de la forma más detallada posible; a partir de ahí, las ventas vienen solas. Todo ello a cambio de, por supuesto, una jugosa comisión.

Más allá de verlo como una amenaza para los comercios físicos, que por supuesto lo es para los negocios que no se adapten a los nuevos tiempos, hay que entender el e-commerce como una oportunidad para embarcarse en el comercio internacional sin necesidad de invertir en ello un gran presupuesto. De hecho, el riesgo de perder dinero en la aventura ronda prácticamente el cero, ya que la mayoría de las plataformas únicamente cobran un porcentaje por cada venta; si no hay ninguna venta, no hay ninguna comisión que abonar. Todo lo relacionado con la distribución del producto, en el caso de que se trate de una empresa que vende productos de forma internacional, lo gestionan estas mismas plataformas.

En resumen, de las muchas oportunidades que el año 2016 ofrecerá al comercio internacional, el comercio electrónico desde luego puede abrir muchas puertas al mercado internacional a empresas que de otra forma jamás tendrían la posibilidad de expandir su actividad por el resto del mundo. Por supuesto, el hecho de que no se requiera una inversión inicial no quiere decir que haya que dejar las cuentas para más adelante; desde el primer momento hay que tener muy claro el porcentaje de dinero que va a ingresar la plataforma por cada venta, y a partir de ahí hay que analizar si resulta rentable embarcarse en una aventura de este calibre.